Ahora que empieza a calar la idea de lo importante que es que los ciudadanos avancen en cultura financiera, corremos el riesgo de que algunas demagogias políticas nos anclen en viejos tópicos.

Cuando desde el pacto entre PSOE y Podemos al hablar de la reforma fiscal se dice que se trata de “acabar con los privilegios fiscales de las grandes fortunas”, de los ‘ricos’ y también de los “buitres financieros”, en el imaginario colectivo aparece la tópica imagen del empresario o banquero fumando un puro y con un cochazo.

La realidad es que solo la principal banca española: Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Sabadell y Bankinter, suma más de seis millones de accionistas. Si les añadimos los de Telefónica y las eléctricas…, fácilmente se superan los diez millones de accionistas (lógicamente, muchos estarán duplicados).

Además, buena parte de los once millones largos de partícipes en fondos de inversión (los que invierten en renta variable) son, a través de dichos fondos, accionistas indirectos de bancos y grandes empresas.

Una opción política

Subir impuestos a la banca o las tecnológicas es una opción política con la que se estará o no de acuerdo y que se podrá implantar de forma correcta y legal o no, dependiendo de cómo se haga.  Pero lo que constituye un error es pensar que lo que se haga con las grandes empresas o los bancos no nos afecta.

Se ha criticado el rescate a la banca de la pasada crisis y una de las razones que se esgrimieron para llevarlo a cabo fue la de proteger a los miles de depositantes y accionistas de la entidad, que no a los preferentistas. Algo que tras el (probablemente lógico) cambio de normativa europea no ocurrió en el caso de los accionistas de Popular, que lo perdieron todo. Lo curioso de las reglas europeas es que Italia sí ha hecho su excepción con Monte dei Paschi.

La gran diferencia en estos casos es que se trataba de problemas de gestión (en las cajas con gran intervención política en la misma). No es lo mismo que un banco suba o baje en Bolsa por cómo enfoca su negocio que lo haga por un cambio legislativo o impositivo.

Se suponía que el presente iba a ser el año de la banca en Bolsa, una vez saneada y con la perspectiva  de subidas de tipos en el futuro. La realidad es que desde enero la banca en general no ha levantado cabeza. En unos momentos será por la gestión y en otros por factores como el impuesto a las transacciones financieras o la sentencia del Supremo (¿de ida y vuelta?) sobre el impuesto de las hipotecas. También intervienen factores externos como la crisis italiana, a la que bancos españoles estarían expuestos.

Por unas u otras razones, los millones de accionistas de esas 35 empresas del Ibex, calificadas por algunos como la encarnación del mal y el capitalismo salvaje llevan perdido un 11,5% en el último año, como se ve en el gráfico:

Independientemente de que se esté a favor o en contra de subir impuestos o poner límites a bancos, tecnológicas o energéticas no conviene caer en la demagogia de equiparar estos sectores a “los ricos” o “los buitres financieros”, porque hoy en día detrás de la imagen de esos señores del puro del imaginario colectivo hay millones de pequeños ahorradores, inversores y pensionistas.

Por no mencionar a los miles de empleados y millones de consumidores a los que finalmente afectan las medidas que se toman. Resumiendo, suban o bajen impuestos, pero no hagan demagogia.

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Sobre la famosa sentencia del impuesto de las hipotecas del Supremo

La nota del Tribunal Supremo congelando, poniendo en revisión o suspendiendo temporalmente su sentencia que obligaba a la banca a hacerse cargo del impuesto de Actos Jurídicos Documentados no acaba de entenderse.

¿Es que no habían valorado previamente todos los aspectos a tener en cuenta cuando hablan de “su enorme repercusión económica y social”?

Por la parte de la repercusión económica, desplomes de los bancos de entre el 2% y el 6,7%, como los ocurridos el día que se dio a conocer la sentencia dan que pensar. Pero era previsible que el hecho de que la banca hubiera podido tener que destinar millones a compensar a clientes con hipoteca tendría efectos en su cotización.

En cuanto a la repercusión social, miles de personas se preguntaban cuánto les devolverían, prueba de ello es que entre las noticias más consultadas en esta web estaban la guía de cómo reclamar y la calculadora para saber cuánto. ¿Cuál será su reacción si finalmente el Supremo da marcha atrás?

La encrucijada en la que el Alto Tribunal se halla parece muy complicada y se antoja difícil que el Pleno, ojalá, pueda encontrar una solución que no deje mucho descontento.

Al final, lo que debería contar es, en Justicia, quién tiene que reponder por dichos impuestos.

Lo más grave de todo es que se fomenta la sensación de inseguridad jurídica.

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