Tras las sucesivas idas y venidas de los impuestos a la banca (ahora parece que será a las transacciones financieras y acabará repercutiendo en los clientes), a las tecnológicas (que hace unos meses era para ya y todavía se le espera), al diésel (pasa de posibilidad a globo sonda y de nuevo a que serán 3,3 euros al mes para el consumidor medio), de Sociedades (no hay nada definitivo, aunque bajará para las micropymes)… Lo que sí parece estar claro es que subirá el IRPFpara “los ricos” que, según una reciente entrevista del presidente, Pedro Sánchez, “no pagan IRPF”.

La ministra de Hacienda también ha confirmado lo adelantado por Sánchez de que se gravarán más las rentas del ahorro (capital mobiliario).

Veamos realmente quiénes pagan impuestos en España:

Si consultamos las estadísticas del Ministerio de Hacienda desglosadas, las últimas corresponden a 2016, resulta que quienes declaran más de 60.000 euros, que son el 3,75% de los contribuyentes, aportan el 36,9% de la recaudación.

Si nos ceñimos a lo pactado por Hacienda con Podemos y nos centramos en quienes declaran más de 140.000 euros, las estimaciones son que aporten unos 4.000 euros de media, según  el sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, Gestha. La recaudación adicional al subirles tres o cuatro puntos sería de apenas cientos de millones y en el mejor de los casos no alcanzaría los 2.000.

¿Dónde está buena parte de la carga impositiva?

Con datos de la misma Agencia Tributaria (2016), el IRPF aporta 69.949 millones y el Impuesto Sobre Sociedades, 22.108 millones.

Pero cada vez que usted enciende la luz, se toma una cerveza, compra un electrodoméstico o llena el depósito del coche está pagando el IVA y, en varios casos, los impuestos especiales, que suponen, respectivamente, 56.523 millones (excluye Administraciones) y 20.012 millones de la recaudación.

Es decir, gane lo que gane, se sea rico o pobre, de los 146.484 millones de recaudación (excluyendo Sociedades y Administraciones), más de la mitad, el 52,2% lo soportan el IVA de los hogares y la vivienda y los impuestos especiales, que no entienden de progresividad ni clases sociales y gravan a todos por igual.

Al menos, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha reconocido que la subida del IRPF a “los ricos” no responde a un afán recaudatorio sino a los acuerdos con Podemos. O sea, es una subida más bien cosmética.

Otro asunto es que si el Gobierno se empeña en aumentar el gasto y Europa y la oposición  no le permiten elevar el déficit (que no debería aumentar, como abordé en Más gasto y más impuestos, pero ¿más déficit y deuda?), no queda otra que subir todavía más los impuestos, como ya avanzóla ministra de Economía, Nadia Calviño. El quid de la cuestión será a quiénes y cuánto.

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