Una de las parejas de baile más contrapuestas y a la vez mediática que están dejando las negociaciones y las no negociaciones del 20D es la que conforman Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Ambos líderes están casi obligados a alcanzar un acuerdo entre sí para favorecer la gobernabilidad, pero su cercanía también puede perjudicar los intereses de ambos.

Bajando al terreno de la estrategia política y habida cuenta de que la relación personal entre ambos no se ha mostrado demasiado fluida en los casi dos años en que ambos han coincidido ostentando liderazgos en sus respectivos partidos, los dos líderes saben que el futuro de sus formaciones, tanto en lo bueno como en lo malo, pasa casi obligadamente por el otro.

El PSOE ha visto por primera vez en décadas amenazada su hegemonía en la izquierda. Ningún partido se le ha acercado tanto electoralmente y ha mermado tanto sus resultados en unas generales en toda la etapa democrática. Esta situación ha provocado que el partido no sume los suficientes apoyos para gobernar y que su escapada al centro pactando con Ciudadanos no sea aricméticamente suficiente para llegar a la Moncloa.

En esa tesitura, el PSOE tiene que echarse en brazos del PP o de Podemos. Si la pulsión general en el partido es hacerlo antes en los de la formación ‘morada’ que en los de Mariano Rajoy, como ocurre en numerosas comunidades y ayuntamientos, el acercamiento no es tan fácil, ya que entrañan inenarrables riesgos para Sánchez.

Pactar con Podemos da al PSOE una imagen de izquierda radical que no le favorece ni entre parte de su electoral ni en su proyección de partido de Gobierno, máxime con las duras condiciones que hasta ahora le han puesto los de Iglesias encima de la mesa. Por otro lado, el hecho de que un acuerdo con Podemos para gobernar precise del apoyo siquiera sea por omisión de los independentistas catalanes coloca al secretario general socialista en una zona de alto riesgo incluso de puertas para adentro con su propio partido.

No llegar a acuerdos con Podemos, por otro lado, supondría tener que aliarse con PP y Ciudadanos, algo que el electorado y la militancia socialista, de corte habitualmente más izquierdista que la dirección, no perdonaría a los de Sánchez. Además, esta hipótesis dejaría a Podemos toda la oposición de izquierdas, amenazando esta vez de forma grave y perentorio la hegemonía del partido de Ferraz en la izquierda española.

Por su parte, Podemos sabe que si quiere tocar poder tiene que ser de la mano el PSOE, partido al que pretende fagocitar. Pero si los de Iglesias consuman el pacto corren el riesgo de verse muy cercanos a un partido al que han tachado de “casta” hasta hace relativamente poco y al que asocian con la corrupción y el establishment. Además, entrar al Gobierno limitaría las opciones del partido de crecer en la oposición y dañaría enormemente su credibilidad cuando se viera obliga a gobernar con las restricciones económicas que llegasen desde Bruselas. Un desgaste que podría ser irreparable para la formación ‘morada’ y que descontentaría a las bases del partido y a las corrientes más críticas en su seno.

Por contra, el no llegar a acuerdos con el PSOE hace ver a los de Iglesias como culpables del bloqueo político de una España que puede estar la mayor parte de 2016 con un Gobierno en funciones. Del mismo modo, muchos electores no les perdonarían que siguiera gobernando el PP sólo por sus diferencias con el PSOE. Esta fractura podría ahondar la división en el partido y acrecentar las voces disidentes que ya se han dado pidiendo un mayor acercamiento a los socialistas para evitar que Rajoy repita o unas inciertas nuevas elecciones.

A este puzzle se suman dos hechos objetivos más: las próximas elecciones vascas y, especialmente las gallegas. En ambas, los resultados, que como se refleja en el diario El País, serán más ajustados que de costumbre determinarán un dinámica de alianzas que se verá pautada por lo que haya ocurrido en los meses previos a nivel nacional. En el caso gallego, la pujanza de En Marea les pone en disposición de gobernar siempre que el PSOE les apoye, algo que difícilmente ocurrirá si Podemos bloquea a Sánchez o sigue vetando el acuerdo de este con Albert Rivera. Mientras, en el caso vasco, la animadversión podría ser mayor entre ambas formaciones si el PSOE se entiende con el PNV y Podemos con la izquierda abertzale, teniendo ambos conjuntos posibilidades de alcanzar la lehendakaritza.

Tanto PSOE como Podemos deberán buscar un punto de acuerdo que aritméticamente favorezca un cambio progresista de Gobierno pero que no les enlace demasiado, pues ambos pierden demasiado si no hablan, pero también si se juntan en exceso. La posible solución, como lleva apuntando el diario El Mundovarias semanas, pasa por una abstención crítica de Podemos antes de mayo que permita a Sánchez superar la investidura y a los de Iglesias permitir el cambio pero consolidarse en la oposición. Aún así, los números serían caprichosos.